Las Montañas Azules, Australia.

Mi plan de hoy es ir de excursión a las bellas Montañas Azules. He decidido que cogeré el tren, es más romántico y una opción muy económica también. Así empezaba otro maravilloso día en Sídney.

Equipada con mi sombrero, ropa cómoda, deportivas y la mochila con suficiente agua y algún snack, me fui a la estación Central a las ocho de la mañana, y desde allí cogí el tren a Katoomba, tardaba aproximadamente dos horas. Usé la Opal Card de la que os hablé y me costó unos nueve dólares por ser hora punta. No fui directa, decidí bajarme una parada antes, tomando el camino del nómada llegué a Leura, un pueblito mágico con mucho encanto donde desayuné un chocolate caliente de macadamia y una tostada de pan “turco”. El café tenía unas bonitas vistas a un pequeño valle. Con la tripa llena me encaminé a las Blue Mountains, el parque más visitado de Nueva Gales del Sur.

Al llegar a mi parada final de tren crucé la calle hacia un Visitor Center, allí nos indicaron que tomando la primera calle a la derecha, frente al Hotel The Carrington, podíamos coger el bus 686 que nos dejaría justo en la entrada de las montañas. Otra opción era hacer un tour, había uno de 50 dólares australianos, pero decidí que prefería tener la libertad de ir y venir y tomar los caminos que más me apetecieran. Más adelante me alegré mucho de esta decisión.

El bus tiene dos paradas, yo me bajé en la primera, junto a la tienda de suvenires, desde donde cogí el circuito Príncipe Henry hasta las Cataratas Wentworth, que queda a la derecha. Por el camino conocí a Ciaran, un nómada irlandés con el que recorrí ese trecho, cada mirador que nos encontrábamos nos dejaba boquiabiertos ante tanta belleza.

Además de sacar muchas fotos nos deteníamos a admirar y absorber la grandiosidad que nos rodeaba. Las montañas nos ofrecían ese color azul mágico, por el efecto del polvo y los eucaliptos, que nos transportaba a un mundo aborigen en pleno valle Jamison, Patrimonio de la Humanidad.

Deshicimos lo andado para regresar al punto de partida o Echo Point, desde allí podíamos ver las Tres Hermanas, tres formaciones rocosas con una leyenda muy romántica y algo dramática.

“En el pueblo Gundungurra había tres muchachas casaderas que se enamoraron de tres guerreros del pueblo vecino, los Dharruk. Como el matrimonio en ellos estaba prohibido por la ley tribal, los guerreros decidieron tomarlas por la fuerza. El hombre sabio o Kuradjuri, las convirtió en piedra con la intención de devolverlas a su estado natural después de que el peligro hubiera pasado, pero murió en la batalla y nadie fue capaz de romper el hechizo.”

Tomamos el camino de la izquierda y fuimos a verlas más de cerca bajando la ruta de los Escalones Gigantes (Giant Stairway), 900 nada más y nada menos, valió la pena. ¡Qué bellas son las hermanas!

Desde allí podíamos volver hacia arriba o tomar otra ruta. Veréis que hay varios caminos para poder hacer diferentes excursiones. Ciaran regresó por los escalones y yo decidí tomar la ruta que me llevaría al tren escénico y de allí a la que era la segunda parada del bus.

Fue preciosa, atravesé el bosque, crucé un pequeño riachuelo, me encontré con árboles y plantas maravillosas, y no, no «conocí» a ninguna serpiente o araña enfadada.

El último tren a Scenic World sale a las 4:50pm, llegué para coger uno de los últimos. Hay tres atracciones en las montañas y se puede comprar un ticket que las incluya a las tres, yo solo subí al tren que me llevaría de vuelta al bus y que va marcha atrás y hacía arriba, sí, el tren más empinado del mundo, es muy gracioso,¡no os lo podéis perder!.

Una vez arriba, saliendo del recinto se encuentra de nuevo la parada del bus 686 que nos llevaría de regreso al pueblo. De allí cogí el tren a Sídney. Iba muy lleno, pero pude sentarme y me pasé las dos horas leyendo.

El libro que ocupó mi mente en ese trayecto fue “Mujeres que viajan solas” de José Ovejero. Parecía un título muy apropiado para este viaje. En él nos narra once historias cortas de viajes, siendo casi todas las protagonistas mujeres o parejas. Los cuentos suceden en diversos lugares del planeta, se trata de historias de inseguridades, miedos, aventuras, turismo sexual, o viajes por trabajo, entre otras. Leemos sobre dos chicas que “viajan solas”, narrado por otro huésped del hotel que las ve sin la compañía de un hombre, como si esa fuera la única forma de viajar. Una senegalesa que deja su país por una vida mejor, se embarca en un barco sin saber dónde va a llegar. Una doctora que investiga la procedencia de una momia en Karachi, donde realmente no quiere estar. Una habitación ruidosa en un hotel de Madagascar. Estas y otras son las fascinantes historias que me acompañaron de vuelta a casa tras un día tan especial y maravilloso como el que había pasado.

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Written by Lectora Nómada

Mis viajes alrededor del mundo siempre acompañados de un buen libro. My travels around the world always accompanied by a good book.

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