Pura Vida Mae. Costa Rica

Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Pura Vida, me encanta esta frase, resume en dos palabras a este país al que llegamos un día de enero Miriam y yo. En el aeropuerto nos esperaban nuestros amigos. Para mí fue un hola y un hasta luego, me quedé a pasar un día en San José antes de empezar nuestra aventura.

Al día siguiente tenía que reunirme con ellos, estaban a unas tres horas de la ciudad; no siempre encontraba wifi para comunicarme, así que decidí coger un autocar a Quepos. El viaje fue muy cómodo y fresquito, conocí a una chica americana que me recomendó un café donde podía esperar a mis amigos nómadas y donde tendría conexión a internet.

Cuando por fin estuvimos todos juntos nos dirigimos al apartamento que habíamos alquilado. Era una casa elevada en medio de verde y más verde. Para llegar teníamos que atravesar una plantación de palmas, árboles de donde se saca el nada saludable aceite de palma que nos colocan en los productos alimenticios. Fuimos testigos de lo que sucede, arrasan con bosques enteros, acaban con todos los animales y plantas que allí habitan, muy triste. Ahí no tenía lugar el “pura vida”.

Habíamos alquilado un coche todoterreno, os recomiendo hacer lo mismo si queréis explorar, con un utilitario de ciudad no llegaréis a ninguno de los lugares tan bonitos que vimos.

Tras desayunar y, con nuestra banda sonora ON, nos pusimos en marcha hacia la Playa de las Gemelas en el Parque Nacional de Manuel Antonio. Allí dejamos el coche en un parquin y entramos en el parque; si tenéis el feo hábito de fumar sabed que no dejan entrar tabaco, no se arriesgan a que pueda haber ningún incendio. Caminamos durante media hora, o quizá más, vimos gran variedad de plantas entre tanta vegetación, nuestro Toni nos ilustró con su sabiduría, es como un google andante en botánica y zoología.

Al llegar a la playa que era completamente virgen, nos quedamos maravillados por tanta belleza, tan verde, si lo sé me repito de nuevo, pero “verde” es sinónimo de Costa Rica, con razón rodaron aquí Jurassic Park. El océano estaba caliente, me extrañó, ya que siempre que me había metido en el Pacífico estaba frío.

Hubo unos “simpáticos” mapaches que se acercaron a nosotros con intenciones deshonestas, a la que nos despistábamos nos robaban la bolsa. No importaba si se llevaban la comida para el picnic, pero ¿qué guardamos todos dentro? El teléfono, el Kindle, las llaves del coche, etc. y se lo llevaban todo raudos y veloces, creedme.

A nuestro regreso pasamos por un pub-avión muy chulo, aquí lo tenéis.

Por la noche, tras un día fabuloso de playa y naturaleza, tuvimos una aventurita justo antes de llegar a nuestra casa. Había una cuesta de tierra bastante pronunciada, ¿recordáis la importancia de un todo terreno? Pues esa noche dimos las gracias al cielo por tenerlo, porque casi nos quedamos sin subir. Nos reímos mucho, bueno yo, Marco y Miriam rezaban a los dioses del Olimpo y Toni desplegaba sus dotes como conductor y yo, yo reía, para compensar.

Al día siguiente pusimos rumbo a las Cataratas de Nauyaca, tras un descenso a lo Paris-Dakar, dejamos el coche y caminamos hasta llegar a un puente colgante muy chulo. Seguimos la excursión entre más vegetación y llegamos a las bonitas cataratas, que eran dobles, había una más arriba. Allí nos dimos un baño y comimos. Un consejito, calzad deportivas.

Para cenar nos paramos en un restaurante que está pegado a otro avión, los que faltan en el cielo, aquí están, no busquéis más.

Esa noche al regresar ya habíamos rezado con anterioridad, y Toni era un experto, así que subimos sin contratiempos, de hecho Miriam se dedicó a lavar toda la ropa que encontró en una inmensa lavadora que teníamos en casa y que le cayó muy en gracia.

De nuevo en ruta nos paramos a comprar algo de fruta por el camino. Nos resultaba algo difícil encontrar lugares para comer bien, en el supermercado tampoco encontrábamos nada emocionante, así que cuando había carritos de fruta en las carreteras, aprovechábamos.

Al llegar a la Playa El Dominical, encontramos restaurantes y hotelitos de poca altura, desde la playa no se veían, solo los árboles y algunos coches aparcados debajo, eso me encantó, después de ver tantas playas en el mundo repletas de edificios tan altos. Pasamos el día allí viendo a los surfers, fuimos a explorar, nos encontramos con más naturaleza y una bella puesta de sol.

Antes de que Miriam y yo llegáramos los chicos habían ido a explorar el mundo del colibrí, del cual Toni es súper fan; podréis comprobarlo en su arte si le seguís en Histoires Naturelles. El parque La Paz Waterfall Gardens es una visita que no os podéis perder.

Y pasando por el rio Tarcoles podréis ver cocodrilos libres desde el puente, y hablando de reptiles, aprovecho para advertiros que grandes iguanas cruzan las carreteras buscando el calor del asfalto, para que vayáis con cuidado.

En la playa es muy divertido volar cometas, y que mejor que el libro “Cometas en el cielo” de Khaled Hosseini. Historia que trascurre en Kabul y cuyos protagonistas son dos niños y una competición de cometas. Gracias a él conocí las costumbres ancestrales afganas desde el punto de vista de los niños y sus familias. El libro se escribió durante el 11S cuando el país fue arrasado por la guerra. Gran libro para leer en las tranquilas noches costarricenses o bajo el sol en sus playas.

¡PURA VIDA MAE!

Un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Follow
Subsribe to my newsletter

Mis viajes alrededor del mundo siempre acompañados de un buen libro. My travels around the world always accompanied by a good book.