Buda y Pest.

Cuando era niña leí “El vals del recuerdo” en el que Sissi pierde la memoria y la recupera gracias al vals “El Danubio Azul” sí, ese homenaje al gran rio que atraviesa Europa y la ciudad Budapest. En 1873 se unieron a su alrededor la orilla con más colinas, Buda, y la orilla más planita, Pest, dando como resultado una ciudad, no muy grande, preciosa, con historia y que llama a cualquier nómada a visitarla, Budapest.Aquí estoy, voy a pasar seis semanas enseñando y en mis ratitos libres descubriré que secretos esconde. Como es verano parece que se puede caminar, pero ¡ojo!, hace mucho calor, sorprendida estoy hasta que me fijo en su situación geográfica, está en plena llanura de los Cárpatos, ahora lo entiendo, tiene los dos extremos, es muy fría en invierno y muy calurosa en verano, así que voy a asegurarme de llevar mi sombrero australiano y mi botella de agua termo que la mantiene fresca, ambos me acompañan siempre en mis viajes.

No todo será caminar bajo un sol de justicia, me gustaría puntuar lo bien que funciona el sistema de transporte público, hay solo cuatro líneas de metro, así que es muy fácil, de hecho, la número uno, la amarilla, es la tercera más antigua del mundo desde 1896 y está reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, una cucada. 

Recorre toda la avenida Andrassy, lo que viene a ser la 5ª Avenida húngara. Toma el nombre del noble y político del imperio austrohúngaro, Gyula Andrássy, gran amigo de Sissi y defensor de la política autonómica húngara.

Busco en esa avenida la librería Alexandra, dicen que es preciosa pero, está cerrada permanentemente, en este precioso edificio Art Nouveau “Párisi Nagy Áruház” de 1910, primer centro comercial de importancia en Budapest. Qué penita no ver su interior.


Justo al lado veo un amable conserje, le pregunto por señas donde puedo “ver” la librería, él cree que busco las “vistas” del rooftop 360º, así que me muestra el ascensor, aprieta el seis y allí me encuentro sin esperarlo, en una terraza desde donde puedo admirar la ciudad y tomar algo.

Tomando la primera calle a la derecha, encuentro un mini parque, allí vive la estatua de Ferenc Liszt, el compositor, pianista, director, filántropo y tantos otros epítetos que le convierten en uno de los húngaros más famosos de todos los tiempos. Junto al parque está su Academia de Música y la estatua de József Atilla, de quien ya os hablaré otro día.

Por supuesto, al otro lado de la avenida Andrássy se encuentra la Ópera, algo que me quedo con muchas ganas de admirar (está en obras) y de asistir a algún concierto.

Continuó mi paseo por la avenida y visito un edificio llamado con toda propiedad la “Casa del Terror”, un museo que testimonia lo que fue vivir la guerra, la ocupación Nazi, la revolución del 56 y todas las torturas que en sus sótanos se llevaron a cabo. Su entrada cuesta 8-9 euros, no se pueden sacar fotos, y es bastante durillo, a mi me gustan mucho estos temas y a ratos tengo que respirar hondo, salgo extrañada de que quedará algún húngaro vivo tras esos años.

Sigo por Andràssy, antes de llegar a la Plaza de los Héroes me desvío a la derecha para ver un poco el barrio judío y me encuentro la embajada española.

En un extremo de la avenida está la plaza donde se levantan catorce estatuas de gobernantes húngaros, algunas cambiaron durante el Comunismo, y en cuyo centro se erigen las siete principales tribus magiares (otra forma de llamar a los húngaros). Se la llama la Plaza de los Héroes, por el homenaje que el país les rinde.

Tras ella está el Parque de la Ciudad, precioso y verde; algo que me encanta de aquí, cada rincón está pincelado con arboles y zona verde. Hay dos visitas que no me puedo perder, el Castillo Vajdahunyad, copia del de Drácula en Transilvania, lo construyeron de cartón piedra para la expo de 1896 y gustó tanto que lo rehicieron de piedra entre 1896 y 1908.

La verdad es que es preciosa la combinación del castillo, el lago, los árboles, ¡me encanta!

La Estatua del Ánonimo se haya reposando frente la parte del castillo convertida en el Museo de Agricultura. Dicen que representa a un cronista del siglo XII, quizá el rey Béla II, quien escribió libros basados en leyendas sobre los antiguos húngaros. Ideal para el disfraz de Halloween. 

Bajo el parque hay dos fuentes termales que abastecen los mayores baños medicinales de toda Europa construidos en 1913, los Baños Széchenyi, la segunda visita. Sus aguas suelen estar a unos 25º todo el año, como es verano, me sumerjo largos ratos alternándolos con algo de lectura en la tumbona. En invierno debe ser genial entrar al agua calentita, de la que seguro no querría salir. La entrada por todo el día son unos 18 euros, que además incluye las piscinas cubiertas y saunas, los masajes y demás tratamientos se pagan a parte.

Al salir cojo el metro 1 que está justo al lado, hasta Oktogon, un gran cruce de la avenida Andrássy por donde pasa el tranvía 4-6 que atraviesa toda la ciudad, y me deja en casa. Los billetes de todos los transportes cuestan 1 euro, hay opción a tarjetas mensuales. 

Como “El vals del recuerdo” de mi colección de literatura juvenil me inspiró este post va a ser su cierre. El impero austrohúngaro estaba inquieto, el emperador había ocupado el norte de Italia, Sissi fue a visitar a su gran amiga Martha, allí las secuestran para presionar al emperador, Sissi consigue escapar y se esconde de polizón en un barco que, azotado por una tempestad, naufraga y ella, tras un golpe en la cabeza, despierta en la arena sin recordar nada.

Parece ser que el apodo de Isabel de Baviera se escribía Sisi, pero gracias a las películas se transformó en Sissi.

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