Bonn, Alemania.

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He visitado esta pequeña ciudad alemana en varias ocasiones, la primera cuando los mercadillos navideños llenaban sus plazas, nunca había estado en ningún mercadillo alemán y me dejaron encandilada cual niña en la noche de Reyes.

En la Münsterplatz (Plaza de la Catedral) se levanta imponente la estatua de Beethoven, frente a la bonita y amarilla oficina de correos.

 

Implacable viendo los siglos pasar se alza también la Catedral de San Martín. 

Desde allí, a través de sus bellas callecitas se llega a la Plaza del bonito Ayuntamiento, Altes Rathaus, construido en 1730; junto a él, en la misma Marktplatz se halla una cervecería típica alemana, con mucha madera, un salón de té y un restaurante. Adivinad en cual entro y me paso varias horas leyendo.

Sí, en la Teehaus VarieTee, un salón de té muy bonito, con música suave y unas tacitas y teteras divinas.

La librería Thalia está cerquita, emplazada en el Teatro Metropole, me recuerda al Ateneo Grand Splendid de Buenos Aires, una librería fundida con un teatro, ¿imaginas? qué bonitas, así que en cada visita paso a dar una vueltecita solo por darme el gusto. 

La casa museo de Beethoven, donde nació el famoso compositor, es visita obligada en Bonn. La entrada se compra en el edificio de enfrente, donde también está la tienda, no permite fotografías en el interior, sí en el jardín. Como sabéis me encanta visitar casas de personajes históricos.  Esta es muy interesante y educativa. 

Hace frío y frente a ella está el café Lighthouse, me gusta, es muy cuqui y me tomo un chocolate caliente mientras leo un rato. 

El Altstadt es el casco antiguo, callecitas divinas de bonitos edificios, como la Heerstraße, que se llena de cerezos en flor en primavera y se convierte en una de las calles más hermosas.

Cerca descubro el precioso Café Camús,  escritores y músicos que he leído y admiro decoran sus paredes, la música es deliciosa, al igual que su chocolate y su tostada de aguacate, se convierte en mi café favorito de Bonn. 

Cerca está el Antiguo Cementerio de Bonn, Alter Friedhof, con ese encanto que tienen las viejas necrópolis, con sus tumbas llenas de musgo viendo el tiempo pasar. Me parecen muy románticos, me recuerdan a esas obras clásicas que me gusta leer. En él se encuentran las tumbas del compositor Robert Schuman y su esposa Clara, o la madre de Beethoven. 

Paso por la tienda de golosinas Haribo, originaria de aquí, cuya primera fábrica abrió en 1922 y a la que acuden cada octubre desde 1936 los niños a intercambiar castañas y bellotas por dulces durante la fiesta de San Martín. El nombre son las iniciales de su creador y la ciudad, HAns RIegel BOnn. 

Es momento de salir del centro, el enorme edificio de la Universidad de Bonn se asienta frente a un parque, precioso en otoño. Fue fundada en 1819 por Federico Guillermo III de Prusia y es una de las más prestigiosas del país. 

Siete premios Nobel se formaron aquí, algunos de sus estudiantes célebres fueron Karl Marx, Nietzsche, Alberto de Sajonia-Coburgo (marido de la Reina Victoria), Emperador Guillermo II o Konrad Adenauer (político y canciller alemán muy importante, ya que fue uno de los “padres fundadores de la Unión Europea” y quien llevó a Alemania a ser una nación próspera tras la ruina de la Segunda Guerra Mundial).

Después de explorar la universidad, dar con el departamento de filología y salir feliz camino por el paseo que lleva al Jardín Botánico. Me río sola cuando veo en el jardín de una casa una estatua de un toro, ¿un toro? 

Llego al Palacio Poppelsdorf del siglo XVIII, donde están emplazados los jardines, que pertenecen a la Universidad y se pueden visitar gratuitamente. 

Desde allí voy caminando entre encantadoras residencias que me recuerdan a las brownstones de Nueva York, estas son blancas o rosas. 

Sigo en los terrenos de la Universidad, junto al río Rin se encuentra parte de la fortaleza que protegía la ciudad, la llaman Alter Zoll am Rhein.

Y pasando bajo el puente puedo ver un pequeño memorial judío, el Alter Bonner Synagoge.

Cuando visité Bonn por primera vez me enamoró, pequeñita, bonita y los mercadillos acabaron de poner la guinda. Quizá lo que más me guste es que aquí vive una de mis mejores amigas y sus maravillosos hijos, y eso hace que mis momentos sean más felices. Pronto os contaré los paseos que hemos dado por esos pueblecitos alemanes cercanos a la antigua capital de la República Federal Alemana antes de la unificación. 

Si os preguntáis qué libro leía en el café Camús os lo cuento, se trata de “Open: Memorias” del tenista Andre Agassi. Su historia con el tenis, su perspectiva personal, cómo lo sintió él, y las decisiones que, muchas veces no tomó y las que sí que le llevaron a ser quien fue. No entiendo mucho de tenis, pero esa parte fue muy fácil de comprender, interesante conocer de primera mano cómo fue la vida de un contemporáneo que llegó a ser número uno en el tenis mundial. Totalmente recomendable si te gustan las biografías. 

2 comentarios

  1. Encantador tu blog querida lectora nómada y tu visita por Bonn muy fructífera, amena y bien resumida. Porque conozco la ciudad tu visión me ha parecido una fantástica fotografía de Bonn y si no la conociera me habrían entrado unas ganas tremendas de visitarla 😉👌

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