Estoy con muchas ganas de contaros este viaje, pero he pensado que primero os haré un post práctico, con trucos que espero os sean útiles y os ayuden a planear vuestro viaje o a tener en cuenta algunos detalles.
Cómo llegar al país
Desde Europa hay vuelos directos desde Londres, Ámsterdam o Frankfurt, o vía Doha desde Madrid o Barcelona (si sales de España), tanto a Hanoi si quieres empezar por el norte —como hice yo— como a Ho Chi Minh (Saigón) si prefieres comenzar por el sur.
En mi caso, mi ruta fue: Palma – Madrid – Doha – Hanoi, y la vuelta Ho Chi Minh – Doha – Barcelona – Palma. Fueron dos vuelos relativamente cortos (unas 6 horas) en lugar de uno muy largo.
Moneda, seguro y conectividad
La moneda local es el dong vietnamita (VND). A primera vista las cifras pueden resultar confusas porque se manejan muchos ceros, pero te acostumbras rápido.
Para que te hagas una idea aproximada:
- 30.000 VND ≈ 1 €
- 100.000 VND ≈ 3 €
Se puede pagar con tarjeta en hoteles, restaurantes y cafés más turísticos; eso sí, suelen cobrar una comisión del 3 € o del 5 %. Para el día a día —mercados, pequeños comercios, taxis o propinas— es imprescindible llevar efectivo.
Algunos cajeros funcionan con códigos de seis cifras, por lo que recomiendo usar bancos grandes. Yo, por ejemplo, en Hanoi utilicé HSBC, que me quedaba cerca en el Old Quarter, y no me cobraron comisión al sacar dinero con Revolut.
Las joyerías también son lugares habituales para cambiar dinero. Cuanto más grande y más nuevo sea el billete, mejor cambio suelen ofrecer.
En cuanto al seguro de viaje, para mí es imprescindible. Viajar tranquila sabiendo que estás cubierta ante cualquier imprevisto —salud, cancelaciones o retrasos— no tiene precio, especialmente en un viaje largo y a un país lejano. Contraté, como siempre, el seguro de viaje de IATI, usé el código ORANGE para obtener un descuento.
Para tener internet, utilicé una eSIM, que activé en la parada que hice en Doha. Funcionó perfectamente durante todo el viaje y fue muy cómodo no tener que buscar una SIM física al llegar. La cobertura fue buena incluso fuera de las grandes ciudades. Usé la de Hola Fly usando también el código ORANGE para el descuento.
Para moverse dentro del país
Desde Hanoi a Sapa utilicé el sleeper bus o bus cama, ya que no hay aeropuerto y está en plena zona de montañas. Dura unas seis horas.
Mi experiencia con este tipo de bus fue desigual y bastante marcada por el mareo. A la ida fue más o menos bien: salimos en línea recta y, cuando empezaron las curvas, yo estaba algo dormida. Las camas son amplias y cada una tiene almohada y manta, además de cargador para el teléfono, televisión y cascos; incluso algunos incorporan movimientos de masaje.
Eso sí, no hay posibilidad de incorporarse como en un asiento, vas siempre tumbado. Si no te mareas, puede ser un trayecto cómodo; si te mareas, como fue mi caso, el viaje puede hacerse largo.
Para la vuelta de Sapa salimos a las 16:00. Aunque me había tomado una pastilla contra el mareo, lo pasé mal durante la primera hora, sobre todo por las curvas. Por suerte, nos dan una bolsa para guardar los zapatos (hay que entrar descalzos), y la tenía a mano por si pasaba lo peor… que pasó. Es una pena marearse, porque pensaba en la buena oportunidad que estaba perdiendo para leer durante las 6 horas que dura el viaje.
Otros viajeros me comentaron que usaban este tipo de bus para ir a otras ciudades y así ahorrarse una noche de hotel. Yo decidí que no era para mí: se mueve bastante y se siente cada bache (que no son pocos). Si decides usarlo, es mejor elegir las camas de abajo.

Ropa
Durante el invierno, si viajas en enero como yo:
- Hanoi: la temperatura es agradable. Ropa de invierno ligera, sin chaqueta.
- Sapa: puede hacer mucho frío e incluso nevar, sobre todo si subes al monte Fansipan. Yo tuve un día de mucho frío y el resto sol y temperaturas suaves para hacer excursiones. Vestía jersey de invierno y camiseta interior, aunque durante las caminatas una camiseta de manga corta habría resultado cómoda.
- Da Nang: temperaturas suaves, sin calor. Vestía ropa de verano. El agua estaba fría para nadar, pero el snorkel valió la pena.
- Saigón: al encontrarse más al sur, allí sí hacía calor, por lo que imagino que en pleno verano las temperaturas son bastante altas. Sombrero, gafas de sol y anti mosquitos, recomendable.
Lavar ropa
No es necesario llevar un maletón: es fácil y barato hacer la colada. Yo la hice directamente en el hotel de Hanoi; al estar todo el día fuera, me resultaba más cómodo. Dejé la ropa por la mañana y por la tarde ya estaba lista. Cobran 70K por kilo (aprox. 30K = 1 €).
En Da Nang, en cambio, cobran 40K, y fue igual de rápido y cómodo. Por la calle también encontraréis muchos lugares donde hacer la laundry.
Agua y comida
Todos los hoteles y homestays proporcionan agua gratuita en las habitaciones. Todos los tours también incluyen agua.
Comer vegano fue fácil. La comida estaba incluida en los tours y se aseguraron de que tuviera una selección amplia y copiosa. No soy foodie, así que cuando encuentro un sitio en mi tiempo libre donde ofrecen comida que puedo comer y me gusta, suelo repetir y no exploro demasiado.
Los desayunos de los hoteles suelen ofrecer tostadas, cereales y comida típica como arroz o tofu. En el hotel de Hanoi no había leche vegetal; en el de Da Nang sí. Frutas como mango, papaya o fruta del dragón suelen estar siempre presentes. La oferta para no veganos, es grandiosa, tanto en los desayunos como en los restaurantes.

Cultura del café
El café es muy importante en Vietnam. Su famoso egg coffee o coconut coffee se sirve en la gran oferta de cafeterías que encontramos sobre todo en las ciudades, en sus terracitas con sillas y mesas bajitas.
Yo no tomo café, pero encontré un chocolate caliente delicioso en Tranquil Coffee (Hanoi), mi cafetería favorita, donde pude probar chocolate Marou con leche de avena. En Da Nang también tenían leche de avena en mi café favorito, Forest Coffe.
Hoteles y homestays
Vietnam es un destino económico, y eso se nota a la hora de reservar alojamiento. Os comparto los que yo usé:
- La Beauté (Hanoi): en pleno casco antiguo (Old Quarter). Es un hotel pequeño, con habitaciones grandes, limpias y cómodas.
- Sapa: el hotel y el homestay estaban incluidos en el tour. El Sapa Retreat Condotel tenía vistas espectaculares y habitaciones grandes. La mía era un aparthotel, con minicocina, sala de estar y tres camas, una de ellas en una habitación separada. El homestay de Ta Van era un bungalow con vistas de los campos de arroz.
- Da Nang: mi base en la zona fue el hotel The Sail, muy cómodo, céntrico y con un bufé de desayuno muy rico.
- Ho Chi Minh: reservé el Misa House – Starlit Saigon , muy céntrico. La habitación me sorprendió gratamente: grande, con sofá y cocinita, frente a un parque.
Os he dejado los enlaces sobre los nombres de los hoteles, por si queréis echar un vistazo.
Tours
La lista de lugares que quería ver en el país era larga, y para llegar a ellos tenía que reservar tours. Ahí es donde My Lee jugó un papel crucial.
Se puso en contacto conmigo al reservar el hotel de Hanoi y fue una bendición. Se encargó de organizar el viaje entero: me iba consultando si quería ir aquí o allá y me liberó de mucha carga mental. Una vez en marcha, se ponía en contacto conmigo cada día para asegurarse de que todo iba bien y de que tanto la comida como los hoteles estaban a mi gusto. Para quien lo necesite, su número de contacto es +84 966 883 456.
Nota literaria
Un día me dejé el Kindle en el hotel y, paseando por Book Street en Saigón, entré en una librería y salí de allí con un libro bajo el brazo: The Second Chance Convenience Store, del autor coreano Kim Ho‑Yeon.
Podríamos traducir su título como La tienda de conveniencia de las segundas oportunidades, y no se me ocurre un mejor cierre para este post. Es una novela cálida y humana, que gira en torno a una pequeña tienda de barrio y a las personas que la habitan y la cruzan cada día. A través de gestos sencillos, habla de segundas oportunidades, de comunidad y de cómo los encuentros aparentemente insignificantes pueden cambiar el rumbo de una vida.
Viajar, al final, se parece bastante a eso: a dejarse llevar, a confiar en los encuentros y a descubrir que, incluso lejos de casa, siempre hay lugar para una segunda oportunidad.
