Días 5, 6 y 7 en Vietnam. Las montañas de Sapa.

DÍA 5 – Sapa: Cat Cat Village y Monte Fansipan

Cat Cat Village, Sapa

Llegamos de madrugada a Sapa en bus cama. Una furgoneta nos llevó hasta el hotel y, nada más entrar, nos encontramos la recepción desierta… y a un joven durmiendo en el sofá. Resultó ser el recepcionista. Para que veáis lo seguro que es el lugar: un móvil se encendía cada poco con mensajes mientras él dormía plácidamente.

Dejamos las mochilas y bajamos a desayunar en el mismo hotel. Las vistas al amanecer eran preciosas. Fue el único día frío de todo el viaje, y la bruma besaba las montañas creando una escena casi mágica.

Nuestra guía, que parecía una auténtica sherpa de montaña con su faldita tradicional, calcetas altas y bolsito artesanal, vino a buscarnos para llevarnos a Cat Cat Village. Descendimos por una calle escalonada hasta una explanada con vistas maravillosas de los arrozales en terrazas.

Allí encontramos algo que me recordó a Bali: columpios, corazones y estructuras pensadas para posar en redes sociales. Entre tienditas de souvenirs llegamos al pequeño pueblo, atravesado por un río, con artesanas cosiendo, cafés y restaurantes.

A las 11:00 nos deleitaron con un baile típico desde una terraza. Muchos visitantes se visten con trajes tradicionales para hacerse fotos (y algunos locales también, ya que se acerca el Año Nuevo solar).

Desgraciadamente, también vimos dos caballos decorados para que los turistas se subieran a hacerse fotos. Uno de ellos se tumbó, agotado, y al poco su dueño lo azuzó porque llegaban más personas buscando la imagen perfecta —que sería aún más bonita si el caballo estuviera libre, pastando tranquilo junto al río.

Opinión sobre Cat Cat:
Es bonito, sí, pero claramente creado por y para el turista. Si no tienes mucho tiempo en Sapa, quizá lo evitaría. En los próximos días visitamos aldeas reales, mucho más auténticas.

MONTE FANSIPAN: El techo de Indochina. 

Lo que no me perdería bajo ningún concepto es subir a la montaña más alta del país: Fansipan, conocida como el Techo de Indochina (región compuesta por Vietnam, Laos y Camboya).

Es simplemente espectacular. Incluso puedes encontrar nieve en la cima en determinadas épocas.

Fui hasta la nueva y bonita estación de tren (que cuesta encontrar porque está dentro de un hotel amarillo). Desde allí, un funicular conecta con un teleférico larguísimo que atraviesa literalmente las nubes hasta dejarnos junto a un impresionante complejo budista con templos y un gran Buda vigilando el valle.

 Importante: desde el complejo budista todavía no estás en la cima.
Para llegar al punto más alto hay que coger otro funicular que salva el último tramo de desnivel. También se puede subir caminando los escalones finales si el cuerpo (y la niebla) lo permiten.

Arriba, el viento es intenso, el aire más frío y la sensación de estar tocando el cielo es real. En determinadas épocas incluso puedes encontrar nieve. Estoy oficialmente en el punto más alto de Indochina… y lo siento en cada ráfaga de viento.

Tip viajero:

Aunque abajo en Sapa no haga demasiado frío, en la cima de Fansipan cambia completamente la temperatura. El viento es fuerte y la sensación térmica baja bastante, así que lleva ropa de abrigo o al menos un buen cortavientos. Yo agradecí muchísimo tener una capa extra.

Tip práctico — Horarios y precios (orientativos):

Horario aproximado: normalmente el teleférico funciona por la mañana hasta media tarde (suele empezar sobre las 8:00 h y cerrar entre 16:00 y 17:30 h según el día).

Precios orientativos (2026):

Teleférico ida y vuelta: unos 800 000–850 000 VND por adulto y 550 000 VND por niño. Funicular para subir la cima (opcional): unos 150 000–170 000 VND (solo subida). (Consulta los horarios exactos el mismo día de tu visita porque pueden cambiar según temporada y condiciones meteorológicas)

Día 6 – Trekking por el valle Muong Hoa – Valle Muong Hoa y aldeas Hmong

Después de dormir muy bien y muy calentita, y tras un rico desayuno, nos recoge otra guía y nos ponemos en marcha. Nos esperan terrazas de arroz, caminitos de tierra, pequeños bosques y todas las sorpresas que el valle quiera regalarnos.

Algunos de mis compañeros de aventura son Cliff y su esposa Gilly, con quienes comparto grandes conversaciones y muchas risas durante la caminata.

La excursión es de unos 10–12 km, con tramos de subida y bajada. A mí me pareció bastante asequible, pero si tienes algún problema de rodilla puede hacerse un poco más exigente, especialmente si el terreno está húmedo.

El día amanece soleado, con una temperatura ideal. Caminamos a través del mágico Valle Muong Hoa, uno de los paisajes más bonitos del norte de Vietnam.

Llegamos a Lao Chai, donde algunos niños nos esperan con pulseritas artesanales. Pasamos por aldeas de la etnia Hmong, observando su día a día entre arrozales y casas de madera, hasta alcanzar nuestro destino final: Ta Van.

Allí comemos y nos hospedamos con unas vistas maravillosas a las montañas y a las terrazas infinitas de arroz. Un lugar perfecto para descansar el cuerpo… y también la mente.

Día 7 – Segundo día de trekking – Bosques de bambú y aldeas del valle

Amanece otro bonito día en el valle. Tras el desayuno nos ponemos en marcha rumbo a Giang Ta Chai.

Hoy mis compañeras de caminata son Kai y Rachel. Cruzamos algún riachuelo y nos adentramos en un precioso bosque de bambú cerca de Su Pan. Para no caerme, iba agarrándome de bambú en bambú, como si fuera Tarzán balanceándome entre lianas. Risas aseguradas.

Seguimos descendiendo hasta llegar a una pequeña catarata con una poza natural. Sin pensárselo dos veces, Rachel se queda en bikini y se da un chapuzón. El agua estaba fría, pero el momento lo merecía todo.

Continuamos hasta otro pueblecito donde paramos a comer y nos reunimos con Cliff y Gilly. Ese mismo punto es donde nos recoge la furgoneta para llevarnos de vuelta al hotel en Sapa, cerrando así dos días preciosos de caminatas por el valle.

Por el camino vamos conociendo a otros viajeros y viajeras; compartimos historias, sensaciones sobre los lugares visitados, recomendaciones… y esa conexión especial que solo se crea cuando caminas juntos durante horas entre montañas.

Qué bonito es viajar así. 

Tips viajeros – Trekking en Sapa

Calzado:
Si no tienes botas de montaña, unas buenas deportivas con suela que agarre son suficientes, siempre que el terreno esté seco. Si ha llovido, puede haber bastante barro y ahí sí se agradece algo más técnico.

Ropa:
Si hace buen tiempo, una camiseta de manga corta es perfecta para caminar, porque el cuerpo entra rápido en calor. Lleva también una chaqueta ligera o cortavientos, aunque probablemente acabe atada a la mochila (como me pasó a mí casi todo el viaje 😉).

Antimosquitos:
Imprescindible para disfrutar de la terraza al atardecer en los alojamientos rurales. Al caer el sol aparecen.

Qué llevar en la mochila (mínimo y práctico):
Yo dejé la maleta en el hotel de Sapa y me llevé solo:

  • Ropa interior
  • Una camiseta limpia
  • La chaqueta
  • Un mini neceser

Al final, tienes que cargar con todo durante dos días, y no hace falta tanto para hacer de Heidi entre arrozales.

NOTA LITERARIA

Estos tres días en Sapa me han dejado una mezcla de sensaciones: la magia de los arrozales en terrazas, la vida auténtica de las aldeas Hmong y la inmensidad de las montañas envueltas en bruma. Aunque hay lugares más turísticos como Cat Cat, caminar por los senderos del valle, compartir historias con otros viajeros y sentir la tierra bajo los pies hace que todo valga la pena.

Al final, no se trata solo de subir al Fansipan o de ver la catarata, sino de vivir cada paso, cada encuentro y cada instante de tranquilidad entre montañas, llevándote recuerdos que se sienten de verdad. Me recordó a “Rutas salvajes” de Jon Krakauer, que narra la historia de Christopher McCandless, un joven que abandona la sociedad y sus comodidades para recorrer los rincones salvajes de Norteamérica en busca de libertad y autoconocimiento. En su mochila llevaba como únicos compañeros libros de autores como Thoreau, John Muir y Edward Abbey, que le guiaban e inspiraban en su conexión con la naturaleza. La experiencia de McCandless refleja la misma sensación que tuve caminando por Sapa: aventurarse sin rumbo fijo, dejarse sorprender por cada camino y descubrir que cada sendero guarda su propia historia, y que a veces perderse es la mejor manera de encontrarse.

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