Ciudad del Cabo para el alma: libros, océano y abrazos

En estos días he regresado a Ciudad del Cabo. Hacía tres años que no visitaba este bello lugar. Al partir, mi madre me llamó para decirme que nuestra yegua Triana acababa de morir: tan noble, tan nuestra… parecía que siempre iba a estar ahí.

No se me ocurre un mejor sitio para sanar la pena que uno de los lugares más espectaculares del planeta.

Ya os hablé de Ciudad del Cabo, pero creo que aún queda mucha belleza por descubrir.

La ciudad me recibió con su mezcla inconfundible de montaña y océano, ese abrazo salvaje que parece recordar la vida. Caminé despacio, dejando que el aire fresco del Atlántico hiciera su trabajo silencioso: limpiar, ordenar, aliviar. Y también leer. Me senté en un banco del paseo, entre letras y brisa salada, con Signal Hill custodiando mi espalda como un guardián tranquilo.

Pero esta vez no me recibía sola: me esperaba también Lyndsay, ese pedacito de hogar que encontré al otro lado del mundo hace ya tantos años. Volver a abrazarla fue como respirar hondo después de mucho tiempo. Y con ella, su familia —mi familia sudafricana— que me abre sus puertas y su abrazo sanador.

Paseamos por el colorido barrio de Bo-Kaap en una mañana luminosa que hacía brillar cada fachada del barrio malayo, ahora muy fotogénico y lleno de vida.

Tomamos la Chapman’s Peak Drive, una ruta escénica abrazada por montañas y mar. Espectacular. Con miradores donde detenerse y recuperar el aliento —o perderlo otra vez con las vistas— y leones marinos tomando el sol sobre grandes rocas.

Desde allí se divisa la grandiosa playa de Noordhoek.

Paramos en Simon’s Town, un área encantadora junto al mar, muy popular por su cercanía a la playa Boulders. Como recordaréis, desde 1982 es el hogar de la colonia del pingüino africano, especie al borde de la extinción. Son muy valiosos. Hace unos años, Lyndsay y su familia me llevaron a verlos: estábamos solas, acercándonos en silencio y con mucho respeto. Esta vez descubrimos algo distinto: un pasadizo de madera que permite observarlos sin molestarlos. Reinaba un silencio precioso entre los visitantes. Me alegré. A los pingüinos no les gustan los ruidos: cuando se alteran, gritan… y suenan igual que los burros.

Un poquito más al norte, en Fish Hoek, existe un paraíso de libros. Sí, mis amigos me conocen bien y me guían —si es necesario, de la mano— hasta cualquier librería bonita. The Bookworm Books es una encantadora librería de segunda mano, con una habitación dedicada a la fantasía. Las libreras, madre e hija, son una fuente infinita de sabiduría. Bookworm, en inglés, significa ratón de biblioteca.

Llegamos después a la bahía de Kalk Bay, un lugar vibrante junto al mar, con mercaditos, cafés y, por supuesto, dos librerías que merecen una visita: Quagga Books y Kalk Bay Books.

Unos kilómetros más al norte está la playa de St James, con sus casitas de colores en perfecto desfile.

Me alegro al encontrar un café con muchas opciones veganas: Kanela Café en Sea Point. Interior acogedor, terraza tranquila y una fuente que susurra. Doy un paseo por la zona y veo a los parapentes lanzarse desde la montaña. Me topo con un restaurante muy bonito, el Atlantic Express: un antiguo vagón convertido en lugar encantador que te transporta en el tiempo.

Sigo caminando entre casitas hasta llegar al parque urbano de Green Point, con sus praderas verdes, un faro y una escultura en forma de gafas gigantes.

NOTA LITERARIA

Me siento a leer La tienda de los hechizos, de Sarah Beth Durst, como si el hechizo otoñal que ejerce Ciudad del Cabo sobre mí se mezclara con la primavera que florece en estas tierras. No suelo leer fantasía, pero esta historia me ha enternecido. Una bibliotecaria solitaria y su amiga planta huyen al incendiarse la biblioteca del imperio, llevando consigo valiosos libros de hechizos. Llegan a la isla donde ella nació: los árboles no dan frutos, las criaturas marinas no nacen, las fuentes están secas… todo debido a la magia mal utilizada por el emperador. Pero algo empieza a cambiar.

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Mis viajes alrededor del mundo siempre acompañados de un buen libro. My travels around the world always accompanied by a good book.