Zona 0 y el sur de Manhattan. NYC.

Un once de septiembre llegué a NYC, fecha que toda nuestra generación recordará siempre. Por la mañana quise ir a rendir mis respetos a la Zona 0.

Mi compi de viaje Peter y yo cogimos el metro hacia el sur de Manhattan y entramos en el barrio al que llaman Distrito Financiero. Era el lugar donde se encontraban las famosas torres gemelas, hoy convertidas en dos fuentes cuadradas con los nombres de todas las personas que nos dejaron ese día grabados en ellas.

Es muy emotivo estar allí, así lo sentimos y no pudimos dejar de detenernos frente a los nombres de los tripulantes de los dos vuelos.

Junto a las fuentes está el museo homenaje 9/11, muy emotivo también, y en frente ya han levantado la primera de las dos torres que planean edificar, la llaman la Freedom Tower y pertenece a la misma corporación, el World Trade Center.

No os pasará inadvertida la estación de metro más cara del mundo diseñada por Santiago Calatrava y que representa una paloma a punto de tomar el vuelo.

Caminando hacia al oeste hasta el rio Hudson y paseando en dirección sur, llegamos hasta el ferry que nos llevó a Staten Island gratis, sí, gratis. Quizá haya quien os quiera vender billetes en la calle, no les hagáis ni caso. Subid al ferry como hicimos nosotros, y si os preguntáis desde donde tendréis mejores vistas el secreto es, en la popa. Desde allí sacaréis las mejores fotos del skyline. Al llegar a destino, bajad y volved a subir de regreso a Manhattan, ¡chin pun¡ así de fácil.

En el barco de ida, a la derecha, os aparecerá la amiga Liberty, o como la conocemos en este lado del charco, la Estatua de la Libertad.

De regreso al puerto y al Distrito Financiero os recomiendo pasar por su más famosa calle y corazón del mismo, Wall Street. Su nombre le viene de una pared que los holandeses construyeron en 1652 para proteger Nueva Ámsterdam de los ataques de los indios y los colonos de Nueva Inglaterra. Allí encontraréis el famoso Toro de Wall Street de Arturo di Modica en su pose de ataque, y la cola para tocarle los cataplines dorados. Yo prefiero admirar el edificio de la Bolsa que es mucho más impresionante.

Tomando el camino de regreso, no lejos de allí, está Chinatown, un barrio muy pintoresco lleno de tiendas y restaurantes chinos. Su calle más famosa es Canal St, el «reino de las imitaciones» por excelencia. Hace unos años fui con una compañera y como no pueden tener la mercancía en la calle nos llevaron por pasillos hasta habitaciones secretas llenas de género, era todo muy peliculero y parecíamos pequeñas delincuentes.

Vecino está Little Italy, y como habréis adivinado hay restaurantes italianos por doquier, además de tiendas muy chulas, aunque yo esperaba encontrarme a Robert de Niro en una escena de «El Padrino», la verdad.

A la mañana siguiente quise ir a la vera del Rio Este a ver el amanecer.

De camino pasé por delante de dos de los muchos murales de Kobra, el gran artista brasileño, que decoran la ciudad. Uno representa a un bombero que acudió al rescate el fatídico 11/9. El artista cambió su número en el casco por el número de bomberos fallecidos.

Encontraréis el otro mural al otro lado de la fachada, me parece muy ingenioso y divertido. Representa a Einstein y su fórmula paz = al amor al cuadrado. Están ambos en la 49 con la Tercera Avenida.

En el mes de octubre leí un libro recomendado en el hashtag “leo autoras octubre”, una iniciativa que nació en 2016 cuando un grupo de twitteras se dieron cuenta que se leían a más escritores que escritoras, y crearon el #leoautoras.

El tren de los huérfanos de Christina Baker Kline es uno de los libros que me llamó la atención. Cuenta la historia de esta niña irlandesa que vive en Nueva York; al perder a toda su familia la llevan en tren, junto con otros niños huérfanos, al medio oeste para ser adoptados. En cada parada niños se van apeando. Vivian, que cuenta ahora con 91 años es el enlace entre la historia de su vida y Molly, a quien se la cuenta mientras le organiza su desván por un servicio a la comunidad. Molly es una joven india que se ha pasado su niñez entre casas de acogida y encuentra paralelismos entre su historia y la de Vivian que le van a cambiar la vida. Estos trenes existieron entre el 1854 y 1929 y ahora son parte de este magnífico relato que os maravillará y no podréis dejar de leer.

Me gustaría añadir otro libro de una escritora española que me encanta, María Dueñas y su novela “Las hijas del capitán” ambientada en el Nueva York de 1936, época y lugar donde llegaban gran cantidad de inmigrantes. Como Emilio Arenas, un marino que compra una vieja casa de comidas llamada “El Capitán” en la calle Catorce. Tras traer a su mujer y tres bellas hijas en contra de su voluntad para iniciar una nueva vida en la gran urbe, él muere, y es cuando empieza la aventura de estas tres hermanas, que con gran tesón y voluntad tratan de sacar adelante el negocio  a la vez que luchan contra todas las adversidades. Una narración magnífica, un tributo a mujeres fuertes que os encantará y un recorrido por el viejo NY que tanto amo.

Tags:

Written by Lectora Nómada

Mis viajes alrededor del mundo siempre acompañados de un buen libro. My travels around the world always accompanied by a good book.

View all author posts →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *