Salem. Entre brujas y libros va la cosa.

Un primo del Mayflower que se ancló en el tiempo.
Uno de mis escritores favoritos es Nathaniel Hawthorne, autor de “La letra escarlata”, y fue él la razón que me llevó a Salem. Al llegar, me sentí como la protagonista de una de sus novelas.
Desde el centro de Boston se tarda una hora, y es muy fácil llegar en metro y en tren, una vez allí os encontraréis una línea roja que os indicará el camino a los lugares más misteriosos de la llamada “Ciudad de las Brujas”.
Seguro que habéis oído hablar de los juicios de Salem, donde se juzgaron a más de veinte mujeres y hombres por una histeria colectiva que acabó condenándolos por brujería.
Permanece intacta en esta pequeña ciudad, una de las casas de aquellos turbulentos años, la llaman “The Witch House” (La Casa de las Brujas), es un reflejo de esos días, de como vivían y que ropa llevaban. Uno de los tantos museos que existen en la ciudad.
La witch Lectora Nómada pasó por aquí a saludar.
 

Además de leerme el manifiesto colgado en la pared que prohibía cualquier tipo de brujería,  aprendí la razón de porqué la mesa del comedor, traída de Europa, era tan estrecha. Pues resulta que cualquier pieza de madera que superaba una determinada anchura era mandada a los astilleros para hacer barcos para la guerra. No seáis brujas pero sí mandad el ajuar a pegar cañonazos.

Nada de conjuros, ni invocaciones de espíritus, ni brujería, o lo pagaréis muy caro.

 

Siguiendo el paseo por esta pequeña ciudad, llena de casas preciosas y que parece que se ha quedado congelada en el tiempo,  os encontrareis un pequeño embarcadero Pickering Wharf con un barco de madera, el «Friendship» amarrado, es el de la foto que elegí para abrir el post porque nos transporta a 400 años atrás, ¿no os lo ha parecido al verlo? 
Frente al pequeño muelle nos saluda la bonita aduana o The Custom House.
Hawthorne también trabajó en la aduana mientras escribía su primer libro.
 
 
Adentrándoos por sus calles llegareis a un círculo de piedras, es un homenaje que se hizo a los que perecieron tras los juicios de 1692, cada piedra lleva grabado el nombre de cada uno de ellos.
La primera ejecutada, en ocho días fue juzgada y colgada.
Otra de las visitas que me pareció interesante fue el cementerio, allí hay lápidas de sus primeros pobladores europeos. Una en particular está relacionada con mi amigo el autor, cuyo antepasado fue juez en aquellos juicios, razón por la cual Nathaniel añadió una letra e a su apellido.
 
Escribo y parece que lo hago sobre la vida de mi querido Hawthorne, en vez de sobre Salem. La verdad es que no podemos hablar del uno sin la otra, y sí, ¡su casa familiar también está en la ruta! La ubicación no es la original, vendieron los terrenos y la trasladaron unos metros, yo la inmortalicé para que no os la perdáis.
Y aquí vivió el Sr. Nathaniel Hawthorne
 
Justo detrás de mi en la foto está un edificio que da título a una de sus novelas, “La casa de los siete tejados”, casa que me encantó ver y sentir. Si os leéis el libro después de visitarla la podréis visualizar a medida que la historia transcurre. Y si ya lo habéis leído ¡OS ENCANTARÁ VERLA! Cuentan que el Sr. Hawthorne se inspiró en ella al pasar allí temporadas visitando a su prima.
Aquí la tenéis, ¡la protagonista!
 
En la visita aprendí que una de las dueñas de la casa, al heredarla, decidió no casarse nunca. Antes los bienes pasaban al marido y ella no quiso que nadie dirigiera ni su empresa, ni su casa, y mucho menos su vida ¡ole ella!
Y como habréis imaginado, hoy os voy a hablar de los dos libros que ya  han aparecido en nuestro viaje, escritos por nuestro querido Nathaniel. Dos clásicos de la literatura americana con los que disfruté mucho y espero que vosotros también lo hagáis.
En el libro «La casa de los siete tejados», la casa es el epicentro de la historia, un pequeño microcosmos donde habitan dos hermanos de una familia de la aristocracia salemita venida a menos, y el fantasma de su antepasado, víctima de una maldición que perdura doscientos años después.

Un familiar muere en extrañas circunstancias. La visita de la joven sobrina es un soplo de aire fresco en la sombría casa. Da vida a la pequeña tienda que han tenido que abrir por necesidad.


Tiendecita junto a la cocina que podréis ver si visitáis la casa, todo lo que acontecía en ella fue la parte que más me gustó leer. No permiten sacar fotos del interior de la casa, pero aquí os dejo esta de Harvard Magazine.

Foto de Harvard Magazine
El autor sabe cómo mantenernos intrigados hasta el final, a la vez que nos hace disfrutar de las vidas de todo el que pasa por esa casa, de su sentimiento de culpa y la ridiculez de seguir aferrados a unas creencias y vida ya obsoletas. La protagonista refleja la mentalidad puritana de la que el autor no era muy fan, y es palpable la sombra de los juicios que tanto conmocionaron y marcaron a esta ciudad.
La casa de los siete tejados, residencia de los Pyncheon
La letra escarlata tiene como protagonista a una mujer a la que marcaron con una A, de adultera, de color rojo escarlata. Ella jamás revela quien es el padre de la criatura que engendró fuera del matrimonio. Repudiada por la sociedad, saca adelante a su pequeña cosiendo, ayuda a los desfavorecidos. Su letra, que debe llevar visible cosida en su pecho, se convierte en su símbolo, la distingue.

 

Con estas dos joyas quiero rendir un pequeño homenaje a mis colegas filólogas y filólogos que me acompañaron en ese camino de descubrimiento literario y que tanto me ayudaron. Y a todos esos nómadas que aman la literatura tanto como yo.

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Written by Lectora Nómada

Mis viajes alrededor del mundo siempre acompañados de un buen libro. My travels around the world always accompanied by a good book.

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