Las adoquinadas calles romanas y sus secretos.


Queridos nómadas, ¿recordáis el castillo redondito de mi último post? Sí ese mismo, el Castello di Saint’Angelo.

Aquí me hallo merendando junto a él,  en el paseo que bordea el rio, donde la brisa me da un respiro del calor de estos días y las tiendecitas de souvenires me hacen compañía.

Contemplo absorta el bonito edifico ubicado en el lado opuesto del Vaticano,  el Palacio de Justicia, al que cariñosamente llaman Il Palazzaccio, lugar donde se casan y divorcian los romanos.

Frente a él se abre majestuoso el Puente Umberto I, al cruzarlo me basta girarme a la derecha para saber que voy a ver una bonita estampa del Tíber acompañado de la cúpula del Vaticano, que se construyó para se que se viera desde toda Roma.

Me adentro en las adoquinadas calles romanas hacia su centro, sus pequeñas tiendecitas, trattorias y heladerías.

Mis pasos siempre me llevan a la bella Piazza Navona. Debo hoy resaltar la belleza de la Iglesia que se encuentra frente a la magnifica fuente de los Cuatro Ríos, la obra maestra de Bernini.

Se trata de Santa Inés en Agonía, su interior barroco es magnífico, uno de sus artífices fue el gran antagonista de Bernini, Francesco Borromini. Salas redondeadas, decoraciones cargadas y reliquias, claro. Santa Inés fue martirizada aquí, en el que fuera antiguo estadio de Domiciano. Veo sus entresijos bajo la piazza, que ha mantenido el mismo tamaño del estadio.

Me apetece una fina pizza romana del restaurante Navona Nova, queda tras la piazza, buena idea para recuperar energías.

Tenía ganas de visitar el famoso mercado Campo di Fiori, el que fuera un campo florido hasta 1456, que fue cuando se pavimentó. Se celebraban mercados de caballos y hoy en día encuentro souvenirs, como el típico licor hecho de limón al que llaman limoncello, frutas y verduras.

Me llamó la atención su estatua central de Giordano Bruno, se parece a los Assassin’s Creed del video juego. La razón por la que se levanta en su centro es porque esta plaza también se utilizó como lugar de ejecuciones en en año 1600 y Giordano Bruno fue quemado justo allí por hereje, cuando realmente se trataba de un filósofo, teólogo, matemático, astrónomo y poeta italiano; inteligente y libre pensador muy adelantado a su tiempo, todo ello representaría una amenaza.

Caminando hacia al este paso por una plaza llena de ruinas, Largo di Torre Argentina con la peculiaridad de que allí vive una gran colonia de gatos, sí, mininos, a los que el pueblo romano alimenta y cuida.

Hacia el norte llego a la Piazza della Rotonda que es el lugar donde vive mi edificio favorito de toda Roma, el Panteón, me parece tan bonito que os voy a adjuntar otra foto, ¿os parece?

Cerquita está la iglesia San Ignacio de Loyola  con estos prodigiosos frescos en su techo, al ser española no me la podía perder. Algunas iglesias dejan su arte entre sombras, así los visitantes tienen que insertar una moneda para que la luz brille sobre ellos, esta es una de ellas.

Mis pasos me llevan a una pequeña plaza donde veo uno de los rasgos más  impresionantes de la ciudad, el Templo de Adriano, del que solo quedan estas columnas unidas a un edificio más moderno. Veréis que hay muchas ruinas adosadas a edificios que evitan que se caigan, es una forma de mantenerlas, igual que el Panteón está unido a la iglesia y juntos forman un conjunto.

Hora de un descanso con helado en el popular Venchi, necesitaremos la energía.

 

La heladería da a una plaza donde se encuentra la Casa del Gobierno Italiano, y frente a él la impresionante columna de Marco Aurelio, casi igual a la de Trajano.

Con helado vegano de chocolate azteca en mano llego de nuevo a la famosa Fontana di Trevi, que tanto me recuerda al clásico “La dolçe vita”, que bonita película. Lanzo  monedas, que es requisito indispensable para volver. Roma me ha acogido de maravilla y la considero mi hogar.

Junto a Trevi conozco a una entrañable pareja de Perú, compartimos nuestros caminos y visitamos lugares bellos, como la pequeña y bonita iglesia Santa Maria in Trivio cercana a Trevi.

No solo compartimos monumentos, también charlamos de libros, como de esta maravillosa obra de Laura Riñón Sirera que me acompañó en esta aventura romana llamada “Amapolas en Octubre” Una historia que me enamoró desde el minuto uno. Esta preciosidad está llena de referencias literarias, películas clásicas y frases que me hacen llorar, reír y sentir profundamente. Carolina es una enamorada de ”Mujercitas” y hace diez años regenta un café librería llamado “Jo”, tras un accidente donde su padre desaparece y su madre se queda sin habla, postrada, Carolina y su hermano recuerdan su niñez, su juventud, y algunos seres queridos que ya no están. Es una historia de pérdida en la que los libros sirven de terapia, además de trazar el camino para que Carolina se vaya encontrando a sí misma a través de todos esas joyas que ha leído durante su vida y la han marcado de una forma u otra. Nos muestra como son también un bálsamo curativo para Lana, la muchacha alegre que trabaja en “Jo” y que tiene una historia que nadie conoce. Una novela sobre un viaje interior, reconciliación, perdón, familia y amistad. Una joya para leer lentamente, con una historia que se va a quedar contigo para siempre. Gracias Laura. 

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Written by Lectora Nómada

Mis viajes alrededor del mundo siempre acompañados de un buen libro. My travels around the world always accompanied by a good book.

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